Lo que el odio se llevó

Albert Llop

Albert Llop

Criminòleg, Màster en Direcció Estratègica de Seguretat, i doctorand en Dret i Ciència Política. En l'àmbit municipal participo en diverses entitats com els Xiquets de Vila-seca, el Ball de Diables i el Casal Popular El Rebotim. Amant de la muntanya i el mar.

En los tiempos que corren, no es extraño escuchar a menudo gente que habla de forma perversa y torticera sobre la política lingüística en Cataluña. Esto no quiere decir que no se pueda discrepar, legítimamente, sobre el modelo lingüístico que hay implementado en su país. Al fin y al cabo, todo es política. El problema viene, bajo mi punto de vista, cuando el discurso argumentativo se sostiene en el odio hacia las lenguas minoritarias y la supremacía de la lengua castellana por encima del bien y el mal. Precisamente lo que ha caracterizado España en toda su historia, ha sido su riqueza cultural y su pluralismo lingüístico. Un pluralismo que el fascismo y la derecha más rancia siempre ha querido destruir, como se ha podido comprobar en múltiples ocasiones. Y especialmente Cataluña, que ha sido carne de cañón en este sentido.

El catalanismo político, que se remonta a mediados del siglo XIX y que, recordemos, ha contado y cuenta con un papel mayoritario a nivel social en Cataluña, tiene como objetivo la recuperación de las instituciones y los derechos políticos, lingüísticos y culturales de Cataluña, en ningún caso la imposición del catalán por encima de ninguna otra lengua. Ésta es la clave para entender que la inmersión y las políticas lingüísticas en Cataluña lo que quieren es proteger las lenguas propias (catalán y aranés) y complementarlas con la lengua oficial común en todo el estado que es el castellano, la cual queremos y no deseamos perder. De hecho, el castellano se ha convertido también en parte de la cultura catalana, y como he dicho, esto nos proporciona pluralidad y riqueza. Así mismo, la inmersión lingüística también vela y debe velar siempre por el aprendizaje de una tercera lengua como por ejemplo el inglés, haciendo así un pack perfecto a los ojos de cualquier docente y amante de la cultura.

Desafortunadamente, otros pueblos del Estado Español no han sabido o no han tenido la suerte de implementar un modelo de éxito en el ámbito lingüístico. Ya se encargó bien el fascismo de intentar quebrar lenguas como el aragonés, el asturiano o el caló, que ahora son residuales. Además, aunque el gallego y el euskera hayan tenido, como el catalán, un trato de lengua oficial, no se han protegido lo suficiente, cuyas consecuencias pueden provocar un progresivo abandono de las mismas en futuras generaciones si no se adopta un modelo similar al catalán. Y es que la inmersión lingüística es un modelo de éxito consolidado que no solo permite que las generaciones escolarizadas a partir de los años 80 sean completamente bilingües, sino que además estamos por encima de la media de otras comunidades en lengua castellana. Los datos hablan por sí solos. De hecho, la inmersión nació, en parte, gracias a aquellos obreros andaluces y aragoneses que en los años 60 y 70 vinieron a Cataluña en busca de una vida y un futuro mejor, los cuales exigieron la escolarización en catalán para que sus hijos e hijas pudieran ser bilingües. Un ejemplo de integración y un orgullo como sociedad.

La realidad en la calle es otra cosa, y en este sentido se puede afirmar que la mayoría de gente usa el castellano para comunicarse. Y éste hecho en sí mismo no es un problema en absoluto. Éste aparece cuando la lengua minoritaria se ve amenazada y tiene riesgo de perderse a largo plazo. Luego, la protección de la lengua no es una opción, sino que pasa a ser una necesidad, y su uso preferente en las instituciones también. Nuestro municipio es un claro ejemplo de esto. Lo caracteriza una amplia pluralidad de ideas, culturas y tradiciones. Es precisamente en estos casos donde el modelo de escuela catalana debe estar presente y mantenerse más fuerte y unido si queremos continuar siendo bilingües.

Debemos empezar a ignorar aquellas afirmaciones desatinadas y falaces como las que hablan del adoctrinamiento catalán, y continuar construyendo un modelo de país más justo e igualitario. Poco se podrá hacer con los que siempre han querido destruir (aunque nunca abandonaremos el diálogo con ellos), pero seguiremos adelante con los que queremos proteger la lengua y el modelo educativo catalán. Seguiremos luchando para intentar conseguir una sociedad más culta, libre y crítica.

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